La violencia desatada por un gran grupo de ganaderos de vacuno, con rompimiento de puertas y cristales de la consejería de Agricultura de la Comunidad de Castilla y León, con su banderita de España (Esto de usar la bandera de España es como el trapo del afilador, que sirve para todo) y sus cayados largos ha sido asombrosa.
La Unión Europea intenta que para el año 2030 quede erradicada la tuberculosis vacuna. Las vacas, de algunas regiones de España, se contagian y cuando se detecta, precozmente, se sacrifican y después de un saneamiento de la carne se puede poner en venta. No afectan al consumidor. La Consejería de ganadería de Castilla y León (en manos de VOX) decretó una flexibilización de la norma europea y española, que el organismo competente del Ministerio de Agricultura y Ganadería, derogó por no ajustarse a la erradicación de la tuberculosis vacuna para el 2030. Aquí en Andalucía ocurre igual con los regadíos de Doñana.

El Sindicato de Veterinarios de Castilla y León, se opuso tajantemente a esa relajación de Castilla y León, y expusieron razonadamente que hay que hacer un esfuerzo para que en el año 2030 se erradique la tuberculosis vacuna. Los ganaderos ven que, entre la sequía, el alza de los precios de la alimentación animal, no tienen futuro. Es comprensible su malestar y preocupación a su futuro. Pero hay que erradicar la tuberculosis vacuna, como se hizo con las vacas locas y con la gripe equina que afectó hace años a Jerez y el entorno. Agitadores de extrema derecha cabalgan sobre los intereses legítimos de la agricultura y ganadería
