Es imposible un diálogo con la muerte, porque mientras existe la vida no existe la muerte. Están juntas pero no coinciden. La vida existe en el tiempo unos años. La persona cuando muere está fuera del binomio espacio-tiempo.
Según el filósofo R. Garoudy, se es persona cuando abandonamos el “yo” y amamos al “otro”. Desde que se tiene conocimiento, religiones, filosofías, la persona se ha planteado el problema de la muerte. Existen muchas conclusiones, creativas todas, pero no tenemos certeza, no hay demostración de la existencia después de la vida. Tampoco sabemos qué hay a partir de un agujero negro, la ciencia no tiene respuesta. De la muerte tampoco.
Pero es posible hablar con la muerte. Una persona con una enfermedad de las llamadas mortales, padeciendo el temor a la muerte por los dolores físicos que padecía, por la cantidad de proyectos inconclusos, le habló a la muerte, se puso ante ella, inexistente, y le dijo:”Me puedes llenar de dolores, de incertidumbres, de cansancio. Lloro por el equipaje de cosas, amigos, familia que tengo que abandonar. La batalla contra ti es larga, pero si he de morir no me doblegarás, me encontrarás de pie, no me vencerás, no me arrodillaré pidiéndote piedad. Como dijo “La Pasionaria”: “Más vale de morir de pie que vivir arrodillado”. Caronte en su barca atravesó el rio Estigia sin pasajero. Machado en el poema “Infancia” decía. “Y Cuando llegue el día del último viaje, y esté al partir la nave que nunca ha de volver…” Recomiendo ese poema.

















ue tiene 94 años y nos ha dejado algo así como los Jardines de Babilonia entre memorias, poemas, novelas e investigaciones sobre el flamenco. “En la casa del padre” que relata, sin mencionar Jerez, una ciudad llena de tensiones, pero solapadas por ese “…rumbo y elegancia de una raza vieja…” que dijo un escritor gaditano. “Dos días de septiembre” alrededor de la vendimia y las bodegas, donde parece que no ocurre nada en una ciudad ¿Jerez? del sur. Toda una descripción de la ciudad, con sus dramas, sus clases sociales, el sometimiento, la rebeldía contenida.








